Cuando la Major League Soccer apenas comenzaba a construir su historia, un mexicano se convirtió en una de sus primeras grandes atracciones.
Antes de la llegada de estrellas internacionales como David Beckham, Zlatan Ibrahimović o Javier Hernández, el nombre que captó reflectores en LA Galaxy fue el de Jorge Campos, arquero que aterrizó en California con fama internacional y un carisma capaz de conquistar estadios enteros.
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El guardameta mexicano arribó a la MLS en 1996, apenas dos años después de su participación en la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994.
Con una carrera consolidada, uniformes llamativos y un estilo distinto bajo los tres postes, Campos despertó el interés de una liga que buscaba figuras capaces de atraer aficionados y elevar la popularidad del balompié en el país.
El debut de “El Brody” con LA Galaxy ocurrió el 13 de abril de 1996, durante una victoria ante New York Metrostars en el Rose Bowl.
El estadio lució repleto, impulsado en gran medida por la expectativa de ver al mexicano, quien ya gozaba de enorme reconocimiento entre la afición latina en Estados Unidos.
Sin embargo, el momento que terminó por convertirse en leyenda ocurrió apenas unos días después de aquel estreno. Según relató Sunil Gulati, quien ocupó el cargo de comisionado adjunto de la MLS entre 1996 y 1999, Jorge Campos sorprendió a la directiva con una petición fuera de lo común.
"Jorge Campos llegó el lunes y dijo: 'Si quieren que yo vuelva el próximo sábado, me gustaría tener un Ferrari'. Y se le dio el Ferrari”.
La exigencia no quedó en una simple anécdota. El club aceptó la solicitud y el mexicano recibió vehículos de lujo con los que recorría las calles de Los Ángeles, mientras su popularidad crecía entre los seguidores del Galaxy.
La etapa de Campos en la MLS también dejó resultados deportivos. En 1996 alcanzó la final con LA Galaxy, aunque perdió frente a D.C. United. Más tarde, con Chicago Fire, levantó la MLS Cup en 1998, hecho que confirmó su impacto dentro de una liga que apenas daba sus primeros pasos.