El último boleto a la gran final de la Copa del Mundo no podía definirse de una mejor manera que con una histórica rivalidad como la que comparten Argentina e Inglaterra. En Atlanta, entre la tensión futbolística y geopolítica que los divide, argentinos e ingleses compartieron algo en común: la ilusión de ver a su país en Nueva York el próximo 19 de julio.
Afortunadamente, la tensión que envuelve a esta rivalidad quedó solamente dentro de la cancha.
Desde el Parque Olímpico del Centenario hasta la puerta del estadio Atlanta, los miles de argentinos e ingleses que dijeron presente en esta semifinal convivieron en paz.

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Algunos cantaban “Football’s coming home” (el futbol volverá a casa), otros respondían con el clásico “para ser campeón, hoy hay que ganar”. Los argentinos saltaron hasta el cansancio, porque el que no lo hace “es un inglés”.
Damián, de Buenos Aires, mencionó que “para mi representa mucho por mi abuelo, que fue militar y estuvo en la Guerra de Malvinas. Yo en los 40 años que tengo nunca pude vivir un evento así, más allá de que les hemos ganado y hemos perdido, este evento es un quiebre por ser el posible último partido de Messi. Él no nos debe nada pero sería un gran broche de oro a toda su historia ganarle hoy a Inglaterra. Yo cedo la final, el bicampeonato, por hoy ganarle a estos p… ingleses”.
“Maradona es una desgracia, un tramposo, siempre lo fue, pero la venganza llegará. Ojalá ganemos con un gol con la mano”, dijo emocionado un aficionado inglés.
Como es costumbre en la Copa del Mundo, los aficionados mexicanos también se hicieron presentes, y demostraron su apoyo a los Tres Leones. Kevin, de Ciudad de México, le confesó a EL UNIVERSAL Deportes que su jugador favorito es Lionel Messi, pero “no la Selección Argentina. Quiero que gane Inglaterra, quería que Messi gane una Copa del Mundo y lo hizo, así que ahora voy con los ingleses”. Carlos, de Yucatán, viajó a “La capital del sur estadounidense” con un jersey de los Valedores de Iztacalco y confesó su deseo de ver triunfar a los Tres Leones “por la rivalidad que existe entre Argentina y México”.
Esta auténtica batalla fue presentada por el icónico Michael Buffer, pero esta vez, la pelea no fue en las gradas ni con guantes, sino con una pelota por un boleto a la gran final.