Con Güler en la medular el Real Madrid encontró el rumbo después de cuatro encuentros a la deriva y al borde de desastre con la pareja Valverde-Tchouaméni y ganó 4-1 al Sevilla bajo el influjo del jugador turco, que por fin dio algo de sentido al fútbol del equipo de José Mourinho, con Mbappé y Diomande cercanos a su mejor versión y enchufados en el arte del gol.

Después de cuatro intentos con Valverde y Tchouaméni a los mandos, Mourinho cedió. Las grietas que mostró el Real Madrid ante el Elche, Atlético de Madrid, Villarreal y Roma fueron evidentes.

El madridismo pedía a gritos ese cambio desde el inicio, sin esperar una hora de jugar a nada y perder a casi todo. Y Mourinho concedió una sala de máquinas con Thouaméni y Güler mientras desplazó a Valverde a la derecha en detrimento de Trent y Dumfries. No le gusta esa posición al uruguayo, pero ahora mismo parece su mejor encaje.

Con solo ese movimiento, más la aparición de Endrick en la derecha y la vuelta de Huijsen al centro de la defensa, el guion cambió completamente en el Bernabéu. Por fin, tras un mes lleno de espesura, apareció algo de creatividad. Güler consiguió mover a su equipo con intención, sorpresa, pases entre líneas necesitados de una cadera de la que muchos de sus compañeros adolecen y mucha paciencia. Ya lo avisó Mourinho en algún momento de este curso: el turco, podría reconvertirse en un '6', tal y como hizo Modric en el pasado.

Eso sí, al Real Madrid le costó abrir la lata. El Sevilla se encerró bien atrás y hasta la media hora no llegó el primer gol después de mucho control y pocas opciones. Incluso Rubén Vargas, con un disparo al lateral de la red, tuvo la opción más importante. Pero fue Güler, como no, quien salió al rescate. Fue una jugada rápida, bien iniciada por Bellingham con un pase largo al primer toque hacia Diomande, que buscó al turco al borde del área. Un disparo de rosca con la zurda que se abrió hacia fuera terminó en la red de la meta defendida por Odysseas. Golazo.

El tanto de Güler abrió huecos y rompió corsés. El Sevilla perdió la compostura y en el minuto 37 llegó el segundo después de una gran combinación entre Bellingham y Mbappé que culminó el francés gracias a una ruleta con la que se deshizo de Kike Salas. No falló ante Oddyseas y el 2-0 y lució en el marcador al descanso, aunque con un susto final de Agoumé que despejó Courtois sobre la bocina.

Y mientras el Sevilla aspiraba a tomar aire, los hombres de Mourinho comenzaron a entonarse de nuevo con buenos movimientos de Diomande que culminaron con el 3-0 que sentenció el duelo. Suyo fue el pase en profundidad hacia Mbappé, derribado dentro del área por Castrin. El delantero francés, al estilo Panenka, transformó la pena máxima y cerró un partido que adornaron Manu Bueno y el golazo de Diomande: trallazo desde fuera del área y aplausos. Nadie se acordó de Vinícius en toda la noche, el marfileño está aprovechando sus oportunidades.

Al final, la tranquilidad reinó en la casa blanca. Por una vez en los últimos tiempos el foco no estuvo en las polémicas arbitrales, los goles imposibles en los minutos finales, las expulsiones de Vinícius o de Huijsen o cualquier otra acción desestabilizadora ajena al césped. La razón, muy simple: Güler destapó el tarro de las esencias, el fútbol y el criterio aparecieron en el Bernabéu y el Real Madrid se llevó una victoria justificada con argumentos relacionados con el verde.

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