En el Mundial de Alemania 2006, México vivió una de sus eliminaciones más dolorosas en octavos de final frente a Argentina, marcada por el golazo de Maxi Rodríguez.
El partido se disputó en Leipzig y comenzó con gran intensidad: México sorprendió con un gol de Rafa Márquez, pero pronto Argentina empató con un tanto de Hernán Crespo. El duelo se mantuvo parejo y lleno de tensión hasta llegar a la prórroga.
En el tiempo extra, cuando ambos equipos buscaban la diferencia, Maxi Rodríguez recibió un cambio de juego desde la derecha.

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Con un control impecable con el pecho, acomodó el balón y, sin dejarlo caer, sacó un zurdazo espectacular desde fuera del área que se incrustó en el ángulo de Oswaldo Sánchez. Fue un disparo imposible de detener, que rápidamente se convirtió en uno de los goles más recordados de la historia de los mundiales.
Ese gol no solo significó la victoria de Argentina, sino también la eliminación de México en octavos de final por cuarta vez consecutiva. La selección mexicana había mostrado carácter y buen futbol, pero la genialidad individual de Rodríguez terminó por definir el destino del encuentro.
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La prensa internacional destacó la belleza del gol, calificándolo como uno de los mejores de la Copa del Mundo 2006.
Para Argentina, fue un momento de gloria que reafirmó su poderío ofensivo y su capacidad de resolver partidos con talento individual. Para México, en cambio, fue un golpe emocional que dejó la sensación de estar cerca de lograr algo más grande, pero sin poder romper la barrera de los octavos.