En 1986, México volvió a ser sede de la Copa del Mundo y necesitaba una imagen fresca que representara su cultura. Así nació Pique, un simpático chile jalapeño con sombrero y bigote, cuyo nombre proviene de la palabra “picante”.
La elección del chile no fue casual: se trataba de un símbolo profundamente arraigado en la identidad mexicana, reconocido internacionalmente y capaz de transmitir alegría y energía.
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El diseño de Pique buscaba reflejar el carácter festivo y hospitalario del pueblo mexicano. Con su sombrero charro y bigote, evocaba la tradición popular, mientras que su forma de chile jalapeño añadía un toque humorístico y distintivo.
La personalidad de Pique se asociaba con la picardía y el entusiasmo, cualidades que se pretendían contagiar a los aficionados de todo el mundo durante el torneo.
Mientras que en 1970 la mascota fue Juanito, un niño vestido con uniforme de fútbol y sombrero mexicano, en 1986 se optó por un personaje más caricaturesco y menos humano. El contraste entre ambos refleja la evolución del diseño de mascotas mundialista.
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Pique fue recibido con simpatía por la mayoría de los aficionados, aunque algunos críticos señalaron que el estereotipo del sombrero y bigote podía simplificar demasiado la cultura mexicana. Sin embargo, su carácter alegre y su asociación con el chile jalapeño lograron que se convirtiera en un ícono recordado, especialmente en América Latina.
Hoy en día, Pique sigue siendo una de las mascotas más recordadas de la historia de los mundiales. Representa no solo el torneo de 1986, sino también la capacidad de México para proyectar su identidad cultural