En Sudáfrica 2010, Javier Aguirre dirigía a la Selección Mexicana con la esperanza de superar la barrera de los octavos de final. El equipo había mostrado momentos de buen juego, pero la presión mediática y las expectativas eran enormes.

El 21 de junio de 2010, en la sala de prensa del Soccer City de Johannesburgo, Aguirre apareció vestido de blanco y con una gorra del mismo color. La visera estaba tan baja que apenas se le veían los ojos. Este detalle llamó la atención de periodistas y aficionados, pues transmitía una mezcla de incomodidad y distancia frente a los medios de comunicación.

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La molestia de Aguirre se relacionó con un episodio previo: algunos periodistas mexicanos habían organizado un "asado" en Sudáfrica con un tono pesimista, insinuando que México sería eliminado por Argentina. Al enterarse, el técnico reaccionó con enojo y en la conferencia respondió con monosílabos, sin mirar a los reporteros, reforzando la imagen de la gorra como símbolo de su disgusto.

Para muchos, la gorra fue un intento de ocultar su estado de ánimo y evitar contacto visual con la prensa. Otros lo interpretaron como una muestra de rebeldía y frustración ante lo que consideraba falta de apoyo. En cualquier caso, la imagen quedó grabada como uno de los momentos más peculiares de la participación mexicana en ese Mundial.

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Aunque México fue eliminado por Argentina en los octavos de final, la escena de Aguirre con la gorra baja se convirtió en parte del imaginario futbolístico nacional. Más allá del resultado deportivo, ese gesto reflejó la tensión que suele acompañar a los entrenadores mexicanos en Copas del Mundo.

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