Cuando Juan Carlos Rodríguez, entonces comisionado de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), lo invitó a ser parte del nuevo proyecto de la Selección Nacional, Javier Aguirre no lo pensó.
El Vasco, de la mano de Silvia, su esposa, no lo pensó. Ambos decidieron venir para vivir una tercera etapa al frente del Tricolor porque sentía que estaba “predestinado”.
“Cuando me hablaron dije ‘es la mía, es la mía’. Estoy predestinado a ello. Estoy en el mejor momento de mi vida, emocionalmente hablando, equilibrado, estoy en paz. Soy un hombre mayor”, reveló en entrevista para NMás, con Denise Maerker.
Después de Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010, Aguirre se sentía con una deuda grande, más por la histórica e imborrable eliminación frente a Estados Unidos en suelo asiático.
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“Dolorosísima derrota. Recuerdo haber llorado dos veces en 50 años dentro del futbol. Una de emoción que fue en un Barcelona – Real Madrid, me emocioné hasta las lágrimas... Y la otra fue en esa derrota (contra Estados Unidos). Me dolió mucho, me partió en dos.... Mentiría si te dijera que pude haber hecho algo más. Yo me equivoqué tremendamente; error que asumí en dos segundos”, declaró el exestratega nacional.
Hoy, a pocos días de la eliminación de la Copa del Mundo de 2026, el Vasco asegura irse en paz, con deuda saldada y el orgullo de haber cumplido en el banquillo tricolor.
“Ahora no lo hicimos tan mal. Si hubo algo, una deuda en el pasado, más allá de que cargué con la culpa, creo que estamos a mano. Me voy tranquilo y orgulloso de la familia y conexión que formamos”, concluyó.
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